Andrea Ocampo

Urban tribes & pop culture

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Hace una semana escuché "Préndelo" de Tomasa del Real en un carrete. Quedé pa’ atrás al tiro. No sé si es tanto por las liricas, por el "pone los cachetes en la repisa" o porque lo canta una mujer (esto no es algo común ni fácil, ni en el arte, ni en la música, ni menos en este tipo de música). Entonces, la busqué y la encontré; el producto de esa conversación es una entrevista publicada en NOISEY (link). Sangungue-o.

Hace una semana escuché "Préndelo" de Tomasa del Real en un carrete. Quedé pa’ atrás al tiro. No sé si es tanto por las liricas, por el "pone los cachetes en la repisa" o porque lo canta una mujer (esto no es algo común ni fácil, ni en el arte, ni en la música, ni menos en este tipo de música). Entonces, la busqué y la encontré; el producto de esa conversación es una entrevista publicada en NOISEY (link). Sangungue-o.

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Hoy soñé que me casaba con Miguel Bosé y que mi familia comentaba mucho un “pero qué raro que es”. Una tía me regalaba unos sostenes color fucsia y mi hermana me contaba “dicen que le gusta vestirse de mujer”. Yo le decía que no importaba porque a mi me gustaba y nos llevábamos bien. Además me acuerdo haberle pellizcado el popín. Mi abuela le comentaba a mi mamá: “¿Y de adonde habrá conocido este cabro a la Andrea?… Pero bueno, será…. para que así los dos se ordenen”. 
Antes del matrimonio que iba a ser en el Parque Bustamante con Bilbao, en un escenario así a lo Gay Parade noventero, salimos por la noche. Íbamos caminando por Irarrázabal con Holanda, llegando a Plaza Ñuñoa. De repente -por donde estaba ese restaurante chino del Panda- sonó una canción, que no me acuerdo, y este holograma se ponía a bailar en la calle; yo sentí vergüenza en un primer momento, pero después atiné y bailé muy dama con él. Pensé ¿y en su país hará las mismas gueás? Vamos a tener que vivir en alas diferentes de la casa, si no no lo voy a soportar (no ven que el hueón tenía una casa con “alas” y era Bosé poh). 
Pero pasaban muchos taxis y yo tenía que volver a preparar la maleta, que estaba sobre mi cama. No duró nada esa preocupación cuando yo ya estaba en el Parque Bustamante. Había un coro a lo Whoopi Goldberg de parral y un animador de kermesse a lo Leo Caprile. Mi hermana se reía y me decía “¿cachai la onda de esta gente?”. Me llamaban por el celular, pero no me acuerdo; eso si, queríamos sacarnos una foto con el aviso de Champaña Valdivieso atrás -con una cámara de foto polaroid. Al final miraba mis pies y veía mi vestido -que era celeste pastel oscuro- demasiado sencillo para el terno rosado y camisa negra del holograma este que se casaba conmigo. Me acuerdo que la gente LO aplaudía y yo no entendía qué estaba pasando. Después sonó la alarma y empezó el partido de Chile vs Brasil.

Hoy soñé que me casaba con Miguel Bosé y que mi familia comentaba mucho un “pero qué raro que es”. Una tía me regalaba unos sostenes color fucsia y mi hermana me contaba “dicen que le gusta vestirse de mujer”. Yo le decía que no importaba porque a mi me gustaba y nos llevábamos bien. Además me acuerdo haberle pellizcado el popín. Mi abuela le comentaba a mi mamá: “¿Y de adonde habrá conocido este cabro a la Andrea?… Pero bueno, será…. para que así los dos se ordenen”.

Antes del matrimonio que iba a ser en el Parque Bustamante con Bilbao, en un escenario así a lo Gay Parade noventero, salimos por la noche. Íbamos caminando por Irarrázabal con Holanda, llegando a Plaza Ñuñoa. De repente -por donde estaba ese restaurante chino del Panda- sonó una canción, que no me acuerdo, y este holograma se ponía a bailar en la calle; yo sentí vergüenza en un primer momento, pero después atiné y bailé muy dama con él. Pensé ¿y en su país hará las mismas gueás? Vamos a tener que vivir en alas diferentes de la casa, si no no lo voy a soportar (no ven que el hueón tenía una casa con “alas” y era Bosé poh).

Pero pasaban muchos taxis y yo tenía que volver a preparar la maleta, que estaba sobre mi cama. No duró nada esa preocupación cuando yo ya estaba en el Parque Bustamante. Había un coro a lo Whoopi Goldberg de parral y un animador de kermesse a lo Leo Caprile. Mi hermana se reía y me decía “¿cachai la onda de esta gente?”. Me llamaban por el celular, pero no me acuerdo; eso si, queríamos sacarnos una foto con el aviso de Champaña Valdivieso atrás -con una cámara de foto polaroid. Al final miraba mis pies y veía mi vestido -que era celeste pastel oscuro- demasiado sencillo para el terno rosado y camisa negra del holograma este que se casaba conmigo. Me acuerdo que la gente LO aplaudía y yo no entendía qué estaba pasando. Después sonó la alarma y empezó el partido de Chile vs Brasil.

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Superar la desconfianza es tan difícil como quitarse la tinta que deja el lápiz en la mano luego de explotar. Sólo se puede quitar refregándola con la otra, a riesgo de que la tinta termine empañando no sólo ambas manos, sino que también los brazos, el pijama o la cama.

Canción en mi playlist titulada “De los ojos”.

(Source : Spotify)

Classé dans jorge drexler universos paralelos

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Ayer estuve moderando una  mesa- silla de conversación con la compañía de teatro chilena Los Contadores Auditores que presentaban la penúltima función de “Safari para divorciadas”. Cuando me llegó la invitación a dirigir este parloteo, casi me caí del catre ¿Qué crésta tengo que ver yo con las mujeres divorciadas? (si con súper cuea tengo pierna peluda que apañe las noches de frío santiaguinas). Me enojé y dije pero cómo yo: divorciadas, safari, teatro del puente, divorciadas, teatro a mil, safari, divorciadas, no, no, no, qué chucha. Pero leí el guión y la obra no era nada, pero nada que ver con las obras de Rosita Nicolet (válgame que me sé el nombre de ella) que se escriben desde el canon mujer versus hombre, mujer versus mujer inculiable, mujer versus madre.

La obra va de un grupo de mujeres adineradas, unas por herencia, otras por su propio empeño, otra indemnizada por los churros explosivos que viajan a una sabana/selva africana para tener una experiencia extrema. Lo que descubren ahí son todas las comodidades materiales sin las cuales no son mucho, las fantasías amorosas, el peso que significa ser madre sin quererlo ser, las adicciones y la miseria humana de las que son capaces aquellas mujeres que son incapaces de pensar en la otra, o mas bien, pensarse como otra –para sí y para una par. A pesar de todo esto, la obra es una comedia que incluye violencia, besos lésbicos, declaraciones en coa y manifiestos anticapitalistas al son del perreo intenso.

Mientras la obra se presentaba y escribía preguntas en el celular -para realizarlas en la conversación- pensaba en que las sincronías realmente no existen, sino que es el sentido que le damos a las imágenes, a las escenas, a los textos el que nos da vuelta el tablero del caos y nos anudan a las piezas. Entonces el tema no es por qué me habrán invitado a moderar una obra sobre divorciadas, sino que es por qué soy capaz de reparar en la carga negativa ante la palabra “divorciada”.

Pienso esta comedia en la posición de trabajar todo el día con mujeres, de haber estudiado mi enseñanza básica y media en colegios católicos y de mujeres, pienso en que vengo de un matriarcado y que en mi familia todo es mujer. Pienso en que mi sicóloga es mujer, pienso en mi ex pareja y en los besos desperdigados que una le dió/da a mujeres. 

Y desde ese contexto vislumbro en esta comedia un pequeño espacio por donde se cuela un riachuelo horrendo para algunas, nostálgico o libre para otras, un espacio por donde fluye la fuerza sexualizada de las mujeres que se reúnen en torno a algo. Entorno al trabajo, a la maternidad, a la rabia, a la soledad, al dinero, al poder o al sexo mismo. Pienso en esas mujeres que no se demoran ni dos segundos en reproducir el sistema machista en sus acciones, en su individualismo, en el egoísmo existencial de comunicarse desde una pose -ante otra. Siento una iracunda tristeza subiéndome por el estómago cuando una par se ríe de otra, se burla de la otra, se aprovecha de la otra, cuando la desestima o desautoriza; cuando la mujer repite de un modo perfecto y eficaz la objetualización y mecanización (de ella misma) que realiza el sistema. Porque la foto de un poto o de unas pechugas que venden cerveza a hombres héteros, es una práctica tan burda y tan evidente como la pose convertida en altanería, en esa mirada que cruza sobre el hombro/e, que se muestra desde una superioridad moral que no existe. Perdón por el exabrupto: pero odio a esas mujeres que creen que por tener dinero, posición, cierta educación, e incluso ciertos rasgos corporales son más, mejores, excelentes y favoritas para otro (qué curiosamente es siempre masculino).

Pero alto, pensemos en cuánto se esfuerzan en que esa pose prevalezca sobre la otra, frotándola, ahogándola, seduciéndola en su peso erótico; y eso es taaan contrario a lo que quieren aparentar, es mega lelo (sépanlo). Ustedes, zorras que se validan mostrándole el poto al jefe, al profe, al pololo de la amiga están mostrándole realmente el peso de su poto, a sus colegas, compañeras, a su amiga. Ellas son las primeras que les ven la miradita serpentina, la pierna sobre el escritorio, el cagüineo voraz, la sonrisita que ridiculiza a una par (¡cómo será la calentada de sopa que hasta yo estoy escribiendo sobre ustedes! ¿cachan?). Y es que la zorra opera desde el deseo de su par y en verdad-verdad de zorras bien poco, porque son las primeras víctimas de la violencia capital: no pueden lograr nada debido a su inseguridad estructural que es equiparable al peso del poto que se exhibe. 

Pero bueno, respiremos. También pensemos en las mujeres que son capaces de pensar en colectivo, de ir más allá de las necesidades inmediatas y singulares comandadas por el ego. Mujeres que resisten a la violencia machista silenciosa o estruendosamente. Pienso en las mujeres mayores, en la generación actual de la tercera edad: ellas –a pesar de ser mayoritariamente conservadoras, religiosas, fachas, terribles y asfixiantes (quizá no todas)- conocen el sentido de las cosas desde un horizonte sensible, desde la novedad, desde la humildad que implica el reconocerse otra para otras y para otros. Entonces, la distancia que se establece entre esas mujeres comprometidas con su experiencia y estas mujeres divorciadas de la experiencia de si –enviadas al goce del otro masculino, se juega en ese pequeño espacio que el mercado le deja al deseo, en lo que queda luego de la capitalización del goce.

Lo que queda es la distancia de ellas consigo mismas (y de mi conmigo misma), es el deseo radical de ser –efectivamente- extremista en el goce, en la libertad, en vivir nuestros cuerpos e historias. Sigo pensando esto y me doy cuenta de cuánto trecho le falta al feminismo latinoamericano… y es que tanto nos falta que quizá sea en las niñas que recién entran al colegio que esté la responsabilidad y el manubrio de un feminismo capaz de encender las cabezas y el pecho de las mujeres desde la humildad y honestidad. Desde la sorpresa, el sentido del humor y la pregunta crítica (la pregunta de las niñas de por qué ellas llevan falta y otros no, pelo largo y otros no, o no pueden destapar su pecho y otro si). Quizá sólo sean ellas las que puedan dirigirse hacia aquellos modos, cosas, circunstancias que nos violentan sin anteponer el poto/interés inmediato. Quizá en esas pequeñas mocosas esté la posibilidad de un feminismo o posfeminismo capaz de pensar el deseo desde el goce propio y no desde el miedo de declararse feminista (libre, independiente, colaborativa, radical, valiente) y caer en la categoría terrorífica de la “mina inculiable”, “problemática”, “cuática”,·”loca”, “puta”, “maricona”. Quizá sea en esas niñas y sus abuelas que esté pasando algo que nosotras, las adultas, no somos capaces de ver porque las vendas y las mordazas del machismo full brazilian aún nos tienen sin ley de aborto, ganando menos, discriminadas hormonalmente y sumidas en el vertedero monstruoso de la talla standard. Ese machismo aún nos tiene –en su lenguaje- desde las bolas.

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